Normalmente no me gusta hacer nada los viernes por la noche. Es el peor día de la semana, estoy agotada y mi cara y mis pintas suelen reflejarlo, así que salir a la calle a dar penita mientras pienso que estaría mejor en la cama, no es algo que me suela atraer mucho.
Sin embargo, el lunes pasaba por la puerta del Teatro Principal de Burgos y vi que iba a venir la recién formada compañía de ballet de Ángel Corella, y eso era digno de mención. Además, dado que el lunes fue fiesta y yo estaba de relax, entré en un estado de enajenación mental transitoria y ni corta ni perezosa agarré a mi chico de la oreja y le arrastré a la taquilla (bueno, es un decir, puesto que él mas bien parecía una cabritilla feliz triscando hacia ella).
Es que sinceramente: entre Hamlets protagonizados por Bio-Coronado y Celestinas post-modernas sin pies ni cabeza fruto de subvenciones gubernamentales mal distribuidas, ir al teatro, la opera o cualquier actividad del palo en Burgos era una apuesta perdida.
Así que ante la perspectiva de ver un espectáculo de autentica calidad, a pesar de tener que verlo entre la catetez mas pseudoprogre de Burgos, y la marujez mas chismosa y aburrida de la ciudad, no había lugar a dudas. Costase lo que costase quería una entrada.
Y no me equivoqué. Quiero decir que acerté en que yo tenía una pinta espantosa (recién salida del curro un día infernal como para no). También en que nuestro precioso teatro isabelino de maravilloso lujo y artificio estaba lleno de A) marujas aburridas sin p. idea de lo que iban a ver, y B) pseudoprogres aspirantes a pijos y pijos aspirantes a progres, cociéndose en su propia salsilla social.
Pero claro, a quien voy a criticar yo, que iba echa unos zorros y sin gafas (Con lo que no veía tres en un burro) , y con mi flamante marido a un lado, orgulloso portador de una bolsa de gominolas de lo menos 1 Kg. de peso, y mi madre al otro, repartiendo a diestro y siniestro trufas de chocolate y golosinas, y llamando a las amigas para saludarlas tres filas mas adelante (Sin moverse de su silla).
En fin, que lo pasamos de maravilla al mas puro estilo de provincia.

Luego, por otro lado está el tema de si la actuación estuvo bien o no. Que es otro cantar. Por que la verdad es que he salido con una sensación agridulce.
Se presentaban tres coreografías diferentes, en escala creciente de modernidad, siendo la primera una maravillosa puesta en escena llena de sensibilidad y gracia, bastante clásica en sus formas, y que llenaba el escenario de mujeres como flores que volaban por el parquet inundándolo de color. Esta parte ha sido de 9. Me ha maravillado.
La segunda, era una coreografía algo particular, bastante dura, con pasos marcados y audaces, llenos de fuerza. A caballo entre lo clásico y lo moderno, llama la atención que se representa entera por hombres, con una única mujer en escena. (Mi interpretación y la de mi chico difieren grandemente sobre el significado de esta parte) No me ha emocionado tanto, pero he disfrutado mucho. Incluso más.
Pero es que luego ha llegado la ultima parte… y uf.
Primero: Música de Phillip Glass. OH DIOS MIO.
Segundo: Humo hasta en el humo. No se como conseguían respirar y bailar los pobres, si yo misma no podía encontrar oxigeno para mis pobres pulmones en la platea.
Tercero: Siento decirlo pero… Faltaba mucho ensayo en esta coreografía. Lamentable en una compañía que aspira a ser una de las mejores del panorama mundial como dicen.
Menos mal que la escena final es apoteósica y les salva la noche.
¿Mi valoración? En general… no ha sido una gafapastada de 10, pero le doy un notable!.
Lo mejor: Los puntazos de mi madre a mi lado. Algunas de sus perlas durante la actuación (No se ni como no me he atragantado intentando no reírme):
- “Oye, ¿Los chicos no levantan las patas?”
- “Creo que si hiciesen como si se caen de vez en cuando, nos echaríamos unas risas y la obra ganaría mucho”
- “ Como vengan los de prevención de riesgos y vean todo este humo y lo alto que tienen el ruido aquí, les cierran el chiringuito”
- “Lo que mas me ha gustado de la ultima parte? Que se ha terminado”
- “Casi me pongo una trufa de chocolate en lugar de los tapones para los oídos por que en la oscuridad no veo lo que cojo del bolso”.
- “Me ha dicho la chiquita aquella que no puedo poner cosas en las barandillas por si se caen para abajo. Supongo que no puedo apoyar tampoco la pierna, por que si se me cae, menudo problema”.
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